Convivencia escolar: los cimientos para una escuela integral

Columna de opinión: Arlette Sandoval, Directoral Editorial, SM Chile

Valores, competencias socioemocionales y la forma en que las instituciones educativas conforman sus relaciones, entran en el ejercicio activo de una sana convivencia escolar. En el actual contexto, aprender a convivir es un desafío que los colegios deben asumir y que trasciende de lo que sucede en el aula, sea virtual como física.

Cuando se habla de “convivencia escolar”, automáticamente se la relaciona con los casos de bullying o violencia de todo tipo entre los miembros de una comunidad, no obstante, se trata de un concepto mucho más subjetivo. Según la definición del Ministerio de Educación, la convivencia escolar se refiere a “la coexistencia pacífica de los miembros de la comunidad educativa, que supone una interrelación positiva entre ellos y permite el adecuado cumplimiento de los objetivos educativos en un clima que propicia el desarrollo integral de los estudiantes”. Es decir, el matonaje sería una consecuencia de un negativo clima escolar, entendido este último como el resultado de una convivencia que produce bienestar, confianza y respeto mutuo entre en los miembros de la organización educativa.

El contexto de pandemia no solo nos trajo nuevos y diversos desafíos en todo ámbito, sino que también puso a prueba las relaciones entre estudiantes, profesores y familias frente a una comunicación casi completamente virtual, y la forma de sobrellevar las emociones frente a un contexto de incertidumbre. No obstante, es posible recuperar lo que se cree perdido: la clave está en la formación en convivencia.

En la convivencia escolar todos influyen: profesores, directivos, estudiantes y sus familias. Aún así, los expertos concuerdan en que la responsabilidad de iniciar y formar un sistema de interacciones es de directivos y docentes, de manera que esta permee hacia todos los ámbitos de la comunidad educativa. “La convivencia es institucional y depende mucho de cómo los directivos organicen las interacciones en el sistema y la cultura escolar. Todavía se sigue construyendo la escuela y sus formas de interactuar con los mismos moldes, creencias y pedagogías de antaño, y con eso ha perdido significancia, autoridad y logrado un gran malestar en todos sus miembros”, ha asegurado anteriormente Isidora Mena, psicóloga y Directora Ejecutiva de Valoras UC de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Cuando  las  escuelas diseñan y gestionan sistemáticamente instancias para enfrentar  y  resolver  conflictos  de  manera pacífica, mantener buenas relaciones interpersonales, comunicar  asertivamente, promover estados  de calma y optimismo que permitan alcanzar diferentes objetivos, empatizar con otros y tomar decisiones responsables, en resumen, competencias socioemocionales fundamentales, se  transforman efectivamente en espacios democráticos, de buen trato y en el que se potencia el bienestar de todos los miembros de la comunidad. Esto es lo que busca el proyecto ConVivir, que hemos desarrollado en SM en conjunto con Valoras UC: una herramienta para profesores y comunidades, para orientar el desarrollo de competencias socioemocionales y éticas al interior de cada sala de clases.

Frente a la necesidad de contar con un clima positivo, que permita desarrollar no solo la labor pedagógica, sino también —y está comprobado— una mayor predisposición para trabajar colaborativamente y con mayor motivación; una mejor formación socioemocional; la disminución de cuadros clínicos en adultos y estudiantes y de la violencia en todos sus perfiles, los colegios están llamados a autoevaluar su gestión y su convivencia interna. Convivir considera elementos, valores y criterios que controlan las interacciones, como también componentes morales, cognitivos y emocionales. En este sentido, los planes de convivencia son un recurso al alcance de las comunidades escolares, una herramienta para gestionar los modos de convivir en las escuelas que permite anticipar y afrontar mejor las dificultades, fomentando un trabajo que genere estilos de relación que prioricen el cuidado, el desarrollo socioemocional, la participación, la colaboración y el respeto.

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