Crecer en comunidad para abrirnos
a la nueva aula sin frontera

Alberto Mora Silva

Director académico Efecto Educativo

La situación actual en la que nos ha sumergido la pandemia se caracteriza por su fuerte dinámica de incertidumbres. Muchas preguntas surgen en el día a día: ¿cuándo podremos volver a las aulas?; ¿de qué forma en concreto será este retorno? ¿presencial, remoto, híbrido?; ¿qué secuelas quedarán en nuestros estudiantes y en nosotros mismos, producto de esta experiencia?; ¿qué modelos y qué estrategias serían las más adecuadas para responder al conjunto de problemáticas que han surgido?… Muchas preguntas y varias dificultades para responderlas.


Por todo esto, podemos afirmar que la incertidumbre es uno de los sellos más presentes en este período de pandemia, pero junto con las incertidumbres hay luces y claves que muestran tener la capacidad de construir respuestas efectivas al conjunto de problemáticas que han surgido o se han agudizado con esta crisis.


Una de estas claves, creemos una de las más importantes, es el trabajo pedagógico altamente cooperativo. Nuestra experiencia nos lleva a tener la plena convicción de que el trabajo en solitario o aislado, no es la respuesta para crear las soluciones que se requieren en este momento y claramente no es el camino para las muchas soluciones que deben crearse hacia delante.

Esto no solo es decir que debemos ayudarnos y cooperar, es aceptar, trabajar y comprometernos por un cambio mucho más profundo en todo el modelo de gestión y trabajo docente.

Hasta antes de esta crisis un profesor podía sentir o creer que los buenos aprendizajes de sus estudiantes eran producto exclusivo de su trabajo, su esfuerzo y capacidad, elementos que sabemos que sí son parte del resultado. Sin embargo, también sabemos que los verdaderos logros en educación, los constantes y estables, son el resultado de una gestión pedagógica cooperativa, coordinada y con fuerte coherencia de equipo.

Y si antes de la pandemia, donde trabajábamos con escenarios de enseñanza y aprendizaje conocidos y un ingreso de tecnologías lento y dificultoso, la cooperación y construcción de comunidades de enseñanza era una necesidad, con mayor razón ahora, pues estas condiciones han cambiado y nos han cambiado dramáticamente.

Hoy nos enfrentamos a nuevos, desconocidos y cambiantes escenarios de enseñanza. Debemos ingresar e incorporar a una velocidad vertiginosa tecnologías, no solo porque nos parecen una buena opción y una posibilidad de enriquecimiento, sino como herramientas vitales de conexión con el mundo, indispensables para generar comunicación, vínculo, y experiencias significativas de aprendizaje.

Una alternativa fundamental para crear soluciones efectivas son las comunidades docentes, entendiendo por tal a una dinámica de cooperación flexible pero permanente para el diseño, ejecución y evaluación de soluciones a las problemáticas de la enseñanza y aprendizaje en los nuevos contextos de pandemia y pos pandemia. En verdad, todo esto implica una buena noticia: no es necesario que cada uno en solitario invente y cree las soluciones al conjunto de problemáticas que estamos enfrentando. Tenemos un camino de alta efectividad para crear buenas soluciones, las comunidades docentes, comunidades locales, y también globales, de cooperación. Comunidades que, aprovechando las herramientas digitales, se comunican con velocidad para compartir experiencias y estrategias. Comunidades que se coordinan para diseñar juntos, aprovechando las habilidades y experticias distintas, y luego poner en práctica para evaluar y perfeccionar. Comunidades que no son solo de una institución específica sino de todos los docentes del mundo con quienes compartimos intereses.


Nuestra experiencia en este período ha sido encontrar en las instancias cooperativas las mejores soluciones a los diversos problemas. Ha sido en las conversaciones con docentes de escuelas de distintos lugares, lejanos entre ellos, pero que compartían intereses y ganas de encontrar soluciones, donde han surgido las mejores ideas y diseños que luego se han convertido en recursos y experiencias concretas para sus propios estudiantes.
Ha sido el espacio virtual, con énfasis en la cooperación, el mejor ambiente para levantar diagnósticos enriquecidos, que se nutren del conjunto de miradas para comprender de mejor manera las circunstancias actuales y por tanto con mayor capacidad de proponer soluciones acertadas.


En este periodo nuestro trabajo ha sido impulsar con fuerza comunidades de reflexión pedagógica para buscar soluciones a problemáticas concretas de este momento, reflexiones y cooperación que han permitido el surgimiento de soluciones concretas para diversas problemáticas actuales .Es desde este trabajo cooperativo que han surgido soluciones efectivas para estudiantes sin conectividad, o sistemas de contención y educación emocional para las comunidades educativas y nuevas propuestas didácticas para el desarrollo de habilidades en contextos virtuales.


Por eso nuestra convicción de que en este nuevo escenario, donde el aula no tiene fronteras y donde todo ambiente: la escuela, la casa, el mundo virtual, es aula y espacio para el aprendizaje; el trabajo solitario de los profesores no es el camino. En un aula sin fronteras, de mundo abierto y conectado, la cooperación y trabajo colectivo son claves y condiciones imprescindibles para asegurar aprendizajes y desarrollo para todos.

 

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