Despegue forzoso: La colisión de la realidad
y el futuro educativo del mundo

fundacion-seminarium-cursos-online-peru

Franco Mosso Cobian
Co-Fundador y Director Ejecutivo Enseña Perú

Mayo 2020: En algún lugar de nuestro país (Perú) un estudiante de primaria conversa al teléfono con su maestra, ambos desde su cuarto. Karina sólo puede hablar cada dos días con Ronald, porque Ronald va a un colegio público en una zona rural, y vive en la ruralidad en un lugar con baja conectividad, pero sí tiene acceso a telefonía y a radio.

Si bien maestra y estudiante se conocen por primera vez, hablan por teléfono y entablan una relación de confianza, de alianza en el aprendizaje, donde conectan, curiosean, deciden juntos; aprenden juntos. En estas conversaciones, surge la idea de que Ronald quiere combinar la experiencia de cosecha de su familia, con su interés matemático, para aprender sobre el manejo de números de 4 cifras. Deciden hablar sobre el cultivo que más le gusta a Ronald: la papa. Se dan cuenta de que el proyecto da para mucho más, por lo que deciden incluir investigación científica y que Ronald cree sus propias infografías. Revisan el libro del estado, la radio, y se involucra la hermana que vive con Ronald. Él se emociona con el proyecto. Se despiden, hasta los siguientes dos días.

En dos días Karina se sorprende. Recibe de parte de Ronald una infografía con un nivel muy potente, con información que ni ella, ni la radio, ni el libro había facilitado. “¡Ronald! ¿Cómo hiciste esto?”, “Profesora, llamé a mi hermana que vive en la ciudad y le pedí que investigue más sobre la papa, que me brinde toda la información por teléfono para transmitirla en la infografía junto a lo que usted me dijo que había que mejorar”. Karina se sorprende, no sólo por el producto, sino por el hambre que Ronald muestra por aprender.

Mayo del 2000: Un estudiante en una zona urbana se sienta en un salón de entre 40 y 45 estudiantes. En ese salón todos hacen lo mismo todo el tiempo, de manera estandarizada, sentados en filas. Se lee el libro que le imponen; se valora la memorización. Casi ningún estudiante en ese salón se entusiasma a la hora de ir a aprender al colegio. Se reciben notas, no retroalimentación; y se mide al estudiante por rankings. En ese salón estoy sentado yo.

Para la educación del mundo, el COVID-19 es un mensajero que incomoda porque te cuestiona o te desnuda. Mi caso y el caso de Ronald reflejan dos experiencias distintas, dos representaciones del sistema educativo como quizás sea en el futuro y como fue –sigue siendo- en el pasado. La crisis hace que los dos casos se sienten a la mesa y hablen como nunca han hablado en años. Y estos son algunos de los temas de conversación:

  • El sistema educativo que hoy existe en casi todos los países del mundo fue creado hace casi 200 años. Tú, yo y una enorme proporción de la población adulta hemos vivido ese sistema, que se creó en la era industrial. El ejemplo típico en toda presentación provocadora en educación incluye mostrar una foto de un salón de clases en los 1800 y una foto de un salón de clases en el 2000 y bromear de cómo las cosas se ven bien parecido.

  • En el sistema educativo actual alrededor del mundo, salvo en contadas excepciones, enormes proporciones de docentes opinan que el sistema tiene un exceso de vigilancia, de burocracia y de estructuración. Eso se refleja en la cantidad de papelería que los docentes, con o sin COVID-19, siempre han tenido que llenar; y en el miedo al castigo, que mata la innovación.

  • La experiencia del estudiante y del docente está segmentada. Si estás en la hora de matemáticas sólo hablas de matemáticas, si estás en 5to grado aprendes fundamentalmente con niños sólo de quinto grado. Si eres profesor de matemáticas no tocas las competencias de expresión artística. Todo está empaquetado en cajones.

Lo que quiero decir es que el reto educativo que tenemos con el COVID-19 es uno de reacción pero también de transformación. Hay que reaccionar rápido para continuar con el servicio educativo para los estudiantes contactados, los no contactados, los que se gradúan este año, los que migran al sistema público. Pero no podemos pensar sólo en hacer que el sistema educativo sobreviva; si la sociedad entera piensa así, se nos va la mayor oportunidad en más de 100 años de expandir el derecho a una educación de calidad. Hay que transformar juntos la realidad que postergaba el desarrollo de tantas niñas y niños a nivel mundial.

Uno de los aspectos que me parece más relevante dentro de la crisis es el cambio fundamental en la manera como estudiantes y docentes utilizan su tiempo. Si pausamos por un momento la burocracia que existe en el sistema, tenemos a un docente que ya no tiene que estar en una sala de clases “dictando” clase, sino a grupos de docentes que potencialmente arman proyectos interesantes con sus estudiantes, hablan con ellos fluidamente, brindan retroalimentación, conversan con estudiantes para hacer sentido de su progreso.

Y tenemos a un estudiante que ya no está obligado a estar en un aula, sino que puede llevar a cabo proyectos o resolver problemas a su ritmo, disfrutando. Esa salida forzosa del edificio (el colegio, el aula) es la gran oportunidad, porque nos está llevando a una situación de mayor personalización, involucramiento del estudiante y su familia, y de colaboración e innovación docente. Como el caso de Ronald y Karina.

Les dejo con una pregunta que en verdad es un llamado a la acción: ¿Cómo re-soñamos el sistema educativo post COVID-19? ¿Quién tiene que ser parte de esa conversación? ¿De dónde aprendemos para lograr la transformación? Si sumado a todo el tremendo esfuerzo que estamos haciendo hasta el momento, esto se convierte también en un esfuerzo de liderazgo colectivo, nos vamos para arriba.

Sigue toda la información de nuestros eventos y acciones en nuestras RRSS