“La escuela debe ser un baluarte fundamental para el logro de una sociedad más inclusiva”

Gerardo Echeita
Profesor titular del Departamento de Educación, de la Universidad Autónoma de Madrid y Especialista en Políticas sobre Educación Inclusiva y atención a la diversidad, y ha trabajado como consultor en UNESCO, UNICEF y la OCDE, entre otras. En junio, participará en el V Seminario de Inclusión, organizado por la Fundación Educacional Seminarium.

Expertos han concluido que la pandemia ocasionada por el COVID-19, ha evidenciado el desafío que significa entregar oportunidades de aprendizaje a todos los estudiantes. En este sentido, la paralización de las clases presenciales, según los especialistas, profundizará las diferencias entre los alumnos, siendo los más afectados los niños de estratos socioeconómico bajos, con discapacidad, estudiantes indígenas y las poblaciones rurales.

El contexto, en la misma línea, es particularmente delicado, según especialistas, en el entendido de que la inclusión es la base de la educación de calidad, entre otros, porque logra utilizar las diferencias entre los alumnos para fomentar los aprendizajes y la participación entre niños y alumnos.

En la siguiente entrevista, Gerardo Echeita, Especialista en Políticas sobre Educación Inclusiva y Atención a la Diversidad, explica la relevancia que tiene avanzar hacia planes educativos inclusivos, y las principales estrategias para lograrlo.

¿Cuáles son las principales razones por las que los colegios deben avanzar hacia una escuela inclusiva?
La escuela, en un sentido amplio de la expresión -desde la educación parvularia hasta la formación superior- debe ser un baluarte fundamental para el logro de una sociedad más inclusiva, y la mejor forma de hacerlo es que ella misma sea un fiel reflejo, a modo de microcosmos, de ese proyecto social que calificamos como inclusivo.

Por otra parte, nadie duda de que esta ambición de una escuela, y una sociedad más inclusiva, es un proyecto complejo que necesita lo que algunos expertos han llamado organizaciones adhocráticas. Se trata de organizaciones que movilizan la innovación, el trabajo colaborativo y el sentido de comunidad, precisamente porque se enfrentan a problemas complejos, inciertos y dilemáticos.

Si quiere un ejemplo, piense en la organización de la NASA en los años 60’ y 70’ y el programa APOLO para enviar astronautas a la luna: nadie lo había hecho antes, nadie tenía la respuesta a los múltiples problemas que estaban por aparecer, y nadie individualmente considerado, tenía la capacidad de resolverlos. Sí o sí, si querían tener éxito, esto es enviar y traer de vuelta a la tierra a esos astronautas, tenía que cooperar, innovar y actuar todos por una extraordinaria ambición.

Embarcarse en el viaje hacia una escuela más inclusiva, tiene muchos rasgos semejantes a esa ambición y también, por lo tanto, riesgos y dificultades, pero igualmente importantes recompensas profesionales y también morales.

¿Qué estrategias son las más destacadas a la hora de avanzar hacia escuelas inclusivas desde la sala de clases hasta la dirección del colegio?
Las estrategias más importantes son las orientadas a crear al interior de las escuelas, así como éstas entre sí, fuertes y consistentes redes de colaboración y apoyo mutuo; entre docentes; docentes y alumnado; alumnado entre sí mediante el aprendizaje cooperativo; docentes y familias; y docentes y su comunidad, lo que incluye su tejido social, empresarial y de servicios públicos.

Se trata de una estrategia desplegable a todos los niveles de un centro escolar, desde sus políticas a lo que acontece en el aula. En este nivel, los docentes que escuchan y confían en su alumnado; que generan estructuras para que estos se apoyen y cooperen, no para competir o diferenciarse, y que son capaces de movilizar el apoyo entre sus estudiantes, son docentes que se saben acompañados ante los desafíos de articular con equidad las oportunidades para que todos participen, se sientan reconocidos y aprendan “hasta el infinito y más allá”.

¿Qué desafíos son los que viven los establecimientos en este camino?
Sin duda el principal de ellos es crear las condiciones organizativas y el clima o cultura escolar, favorecedora de una reflexión colectiva que permita poner en relación los valores y principios que se predican como deseables: inclusión, equidad, oportunidades equiparables, entre otros, y lo que finalmente se hace entre pasillos y aulas.

Entre esas condiciones organizativas está la de agendar tiempos de calidad para esa reflexión sosegada y para compartir los saberes que, como siempre dice el profesor Mel Ainscow, ya existen en todos los centros escolares, aunque en muchos de ellos están encapsulados en un trabajo individualista, en el jardín secreto de cada aula donde a pocos colegas se les invita a entran a observar y aprender.

¿Qué rol cumplen los líderes de cada establecimiento, los padres/apoderados y los docentes en este trabajo?
Un rol crítico y determinante. Esta es una evidencia indiscutible derivada de la investigación disponible sobre eficacia para la mejora escolar, de la que el profesor Mel Ainscow, con quien tendré el honor de compartir el 
V Seminario de Inclusión organizado por Fundación Educacional Seminarium, es un experto internacionalmente reconocido.

Obviamente, no es el cargo lo que confiere este rol, sino las actitudes, competencias y destrezas vinculadas a la enorme tarea de crear, precisamente, la visión compartida de una escuela más inclusiva y esas condiciones escolares que harán posible la innovación y la mejora para avanzar hacia ella.

Por otra parte, los directivos son los que viven en primera persona algunos de los dilemas asociados a este proceso: por ejemplo, entre el bien común y las necesidades específicas de algunos alumnos; el aplicar las normas colectivas y la flexibilidad que se necesita en algunos casos de enorme complejidad; estoy pensando en el manejo de algunas situaciones vinculadas, por ejemplo, al alumnado con dificultades emocionales y para el manejo conductual.

La formación de los directivos es, por lo tanto, crucial, y son los primeros que deben tener un marco de referencia claro sobre el porqué y para qué hablamos y trabajamos por una escuela más inclusiva.

¿En qué etapa está Latinoamérica cuando hablamos de inclusión educativa?
Todos los indicadores socioeconómicos disponibles indican que Latinoamérica es la región más desigual del mundo. Y las sociedades desiguales generan escuelas desiguales, segregadas económicamente y por ello, cabría decir, excluyentes.

Por su parte, la escuela tiene un rol que cumplir para ayudar al cambio de este estado de cosas, pero no lo puede hacer por sí sola, si no tiene la complicidad de una sociedad que mayoritariamente quiera vivir con mayor justicia social.

Ambas deberán caminar acompasadas si se quiere ser coherente con los comprometido por toda la región en materia de equidad e inclusión (ODS).

V Seminario de Inclusión, versión online:
El V Seminario de Inclusión, versión online, permitirá a sus participantes conocer ejemplos prácticos de todo el mundo para abordar el desafío de la educación inclusiva, desde las prácticas pedagógicas en el aula, la organización de los establecimientos educacionales, liderazgo pedagógico, el rol de las familias y las políticas públicas.

El mismo se llevará a cabo el día miércoles 24 de junio, vía online, y entregará certificado digital, material académico digital, además de traducción simultánea español/inglés e inglés/español.



Información de prensa:
Edmundo Durán
Coordinador de Marketing
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